¿Son útiles los Congresos Científicos?

Actualizado: oct 15

Written by  Decana de la Facultad

Los congresos, simposia y reuniones científicas de todo tipo –internacionales, nacionales y regionales- forman parte del paisaje académico, social y profesional de todas las disciplinas relacionadas con las ciencias de la salud. La cifra anual de este tipo de eventos es desconocida, aunque algunos la sitúan en más de 100.000 en todo el mundo. Un artículo publicado recientemente en JAMA se cuestiona acerca de la utilidad de todo este despliegue. El planteamiento teórico es que estos encuentros sirven para difundir la investigación de vanguardia y que tienen un alto valor formativo. Sin embargo, no se dispone de ninguna evidencia que respalde esta aseveración. Por el contrario, algunos datos sugieren que los congresos médicos podrían servir a intereses espurios y contribuir al sostenimiento de un más que cuestionable sistema de valores.


La ingente cantidad de reuniones a la que aludíamos estimula un modo de producción investigadora con escasa supervisión y que contribuye a la construcción de currícula mediocres basados en este tipo de contribuciones, en general, muy poco relevantes. Es cierto que no todos los eventos científicos son iguales. El autor del artículo señala que la revisión por pares que se realiza en congresos de otras áreas de conocimiento –ingeniería, ciencias de la computación, etc.-  es más estricto y, además, contempla el análisis de todo el trabajo que se tiene intención de presentar y no un mero resumen de 300 o 400 palabras, en el mejor de los casos. De acuerdo a la información proporcionada por la Cochrane Database, un número proporcionalmente muy escaso de trabajos presentados en los congresos de ciencias de la salud ve la luz en forma de publicación en una revista científica de cierto prestigio. Es más, parece bien documentado que cuando esto sucede, los datos más elaborados que aparecen en la publicación son sustancialmente diferentes de los presentados, seguramente de forma precipitada y prematura, a una amplia audiencia en el congreso. Si lo que se presenta en las reuniones científicas constituye la vanguardia del conocimiento, no se entiende porqué esta información no aparece publicada de forma inmediata y porqué es necesario desplazarse miles de kilómetros para escuchar estos avances, cuando bien podrían utilizarse las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación para cumplir este objetivo. Además de la inmediatez de la información, el acceso virtual evitaría, según el British Medical Journal, la emisión de unas 10.000 toneladas de CO debido a los desplazamientos por cada congreso de tamaño medio.

Cada sociedad científica se dota de su propio panel de expertos que se hacen especialmente visibles a todos los miembros de la asociación durante los congresos. A la luz de la dinámica de estas grandes sociedades profesionales y sus reuniones periódicas, el liderazgo de los expertos se basa, en ocasiones, no tanto en el mérito científico, el trabajo continuado o la originalidad de sus ideas, como en la habilidad para desenvolverse en los círculos de poder. El mensaje que de esta forma reciben nuestros jóvenes científicos es ciertamente descorazonador. Por otra parte, la industria farmacéutica y biotecnológica aprovecha las oportunidades que le brindan estos congresos para entrar en contacto con miles de médicos y ejercer su influencia. Es cierto que en muchas reuniones internacionales se solicita de los conferenciantes que manifiesten sus relaciones profesionales con estas compañías. Sin embargo, la utilidad de estas medidas es dudosa porque la mayoría de los oradores tiene potenciales conflictos de interés.